26 sept 2022

¿Pizza y peli? 5

 Félix abre los ojos despacio y se encuentra a sí mismo enredado en las sábanas y los brazos de Alex. Parpadea un par de veces para acostumbrarse a la rendija de luz que entra a través de la persiana y se da cuenta de que la noche fue realmente entretenida. No tiene la más mínima molestia, así que no debió de beber casi nada. Se relaja en los brazos de Alex. Es la mañana de después de salir de fiesta y no tiene resaca, nada puede ir mal. Cierra los ojos con toda la intención de dormir cinco minutitos más.

Un recuerdo le cosquillea en los labios y abre los ojos como platos cuando una imagen demasiado fantástica aparece en su mente.

—Alex, Alex —al ver que su amiga continúa dormida se deshace de su abrazo y la sacude el hombro —Alex, Alex despierta. Alex, por todos los dioses, dime que no he hecho nada.

La chica se remueve pero no termina de despertarse. Y a cada recuerdo de la noche pasada, la desesperación de Félix crece. El nudo en su garganta se aprieta y los latidos se aceleran, temiendo haberla cagado sin remedio. Cuando ya ha tomado la decisión no tan difícil de tirarla de la cama para que se despierte, Alex abre los ojos despacio.

—Dios Félix, creía que ibas a estar de mejor humor después de estar casi toda la noche comiéndole la boca a Joel —se queja frotándose los ojos.

Alex puede ver el momento exacto en el que Félix se da cuenta de que nada de eso ha pasado solo en su imaginación. El color se va de su rostro y se le queda un gesto desencajado.

—Creo que no es tan mala idea irme a vivir al punto más remoto de la Antártida —comenta con un hilo de voz.

—Vamos a desayunar y luego te planteas lo que quieras —le para Alex levantándose y desperezándose.

Félix la sigue hasta la cocina quejándose y montándose teorías a cada cual más absurda.

—Felix. Ya.

El chico se calla de golpe. Alex suspira.

—Primero. No creo que Joel ahora de repente te odie y no quiera volver a verte en lo que le resta de vida. Y segundo, cuéntame lo que ha pasado.

—Pues ha pasado que he besado a Joel y ni siquiera sé lo que él piensa al respecto.

Drama queen se nace, no se hace —comenta impasible Alex.

—Alex —gimotea Félix. Se tapa los ojos con las manos y apoya la cabeza en la mesa, regodeándose en su miseria. —Dioses, debí haber bebido más y así podría acusar al alcohol de haberme lanzado contra él. Y luego decir que no me acuerdo de nada, todo culpa del alcohol —se incorpora de golpe y se deja caer contra el respaldo, despatarrándose en la silla.

—El drama viene en botes pequeños eh —comenta Alex riéndose.

Félix la saca la lengua y hace una pedorreta.

—Félix —le llama para que deje de murmurar—, Joel parecía demasiado a gusto devolviéndote el beso como para pensar siquiera que había alguna posibilidad de que no quisiera. Y si sigues dudando, aplícate lo que me dijiste a mí.

—¿¡Preguntarle?! —exclama escandalizado. —¿Y qué le digo? ¿Oye, te moló liarte conmigo el otro día? Porque dice mi amiga que me comías la boca con mucho gusto —contesta sarcástico. —O mejor, “hey, ya que te gustó tanto liarte conmigo podríamos salir juntos, aprovechando que llevo loco por tí como tres años y eso” —continúa como si estuviera imitándose.

—Para ya —la voz de Alex se torna dura. —No hagas eso. No necesitas defenderte de nada. Ni yo ni él somos una amenaza y lo sabes.

Félix frunce los labios, frustrado. Sabe que no es justo que esté pagando su error con Alex. Que ella solo estaba intentando ayudar. Y que tiene razón en que debería hablar con su amigo. Si es que él quiere seguir siéndolo.

—Voy a lavarme la cara —murmura levantándose y huyendo hacia el baño.


Joel se levanta de la cama y, al ver que Luna no está, va al salón y se desploma sobre el sofá. El desayuno lo encuentra sobre la mesita ratonera en frente de la tele encendida, donde Luna está viendo, o analizando, Joel no lo sabe muy bien, una serie. Está hecha una bolita en uno de los sillones, mordisqueando una rebanada de pan tostado con mantequilla. Se desenreda lo suficiente como para alcanzar el mando y para el capítulo. Luego se vuelve hacia él.

—Te veo muy mal para lo poco que bebiste anoche.

—Ugh —se queja—, fue demasiado bueno para ser verdad.

—Desde luego parecía que te lo estabas pasando realmente bien —comenta Luna mordisqueando ahora los bordes de una galleta de chocolate para luego comerse casi de un bocado el resto de la galleta.

—¡Que me lancé contra él, Luna! —exclama incorporándose de un brinco.

La chica casi se atraganta por el susto.

—¿¡No te podrías haber esperado a que me tragase la galleta!? —chilla cuando traga y consigue dejar de toser.

—Luna… —Joel la agarra del brazo haciendo que ella le mire —¿Y si le forcé? —pregunta con cara de susto. —Dios, preferiría morir —gimotea volviendo a esconder la cara en un cojín pero sin soltar a su amiga.

—Pero si Félix parecía un koala, por dios —Luna se sacude del agarre. —Si no hubierais estado en público habría estado todavía más encima de tí, si es que eso es posible. Y si el resto de comentarios son respecto al mismo tema, vuelvo a darle al play.

Como Joel no abre la boca y solo hace un puchero, Luna vuelve a poner la serie y centra toda su atención en la pantalla. A los minutos murmura un “un momento” sorprendida y busca frenéticamente el mando.

—Joel —chasquea los dedos delante de sus ojos sacándole de su trance. —¿Cómo habías dicho que Félix te había dicho de salir? —cuando Joel la mira sin saber a lo que se refiere, Luna hace un gesto impaciente con la mano. —Ayer.

Frunce el ceño, tratando de recordar.

—¿Que su amiga… estaba mal por algo con su… crush?

—Y la amiga es Alex. ¿Cuántas posibilidades crees que haya de que yo sea el crush? —pregunta con temor.

—Viendo como estuvisteis bailando toda la noche y el casi pico que os disteis al despediros creo que bastantes.

Luna no tarda ni medio parpadeo en ponerse rojísima al recordar esa escena. Coge el cojín más cercano y esconde la cara ahí, rezando para desaparecer. Todavía no tenía muy claro si había girado la cara a propósito o sin querer cuando Alex iba a dejar un beso en su mejilla. Pero la había girado, el beso había acabado en la comisura de su labio y ella con ganas de más.


De repente, Alex se pone muy roja y se deja caer en cuclillas, aún agarrada a la encimera.

—Oye Félix —murmura con una nota de pánico en la voz. —¿Cómo fue que me despedí de Luna ayer? Por favor, dime que lo que ha aparecido en mi cabeza no es cierto y que estoy alucinando.

Félix hace un ruidito con la garganta como pensando y luego contesta. Ojea un manga desapasionadamente.

—Casi la das un pico —lo dice como si fuera algo de todos los días y no fuera importante pero aun así le parece divertido.

El sonido indefinido que Alex deja escapar se parece a un grito estrangulado de angustia.

—Ya no es tan divertido ¿verdad? —continúa Félix impasible mientras pasa las páginas despacio.

Es su forma de continuar enfadado con Alex por haberse reído de él con el tema Joel sin dejar de interactuar con ella. La quiere demasiado y es demasiado importante para él como para aplicarle la ley de hielo.

—Pero… No puso cara rara, ni de desagrado ni nada de eso ¿no? —continúa Alex desesperada.

Félix se traga una risa.

—No lo sé. Me estaba despidiendo de Joel, como comprenderás, ni siquiera tenía los ojos abiertos —se burla Félix.

19 sept 2022

¿Pizza y peli? 4

 Para cuando Alex se levanta, Félix ya ha puesto el desayuno en la mesa. No ha tenido corazón para dejarla sola esa noche. Se sientan en los mismos sitios que en la cena, la costumbre a través de los años. Alex le da vueltas a su galleta sin decidirse a comérsela. “Menos mal que no le ha dado por meterla en la leche”, piensa el chico con una mueca. Después de un rato de silencio, Félix se aclara la garganta.

—Estaba pensando que hace mucho que no salimos de fiesta —comienza, como tanteando el terreno. —Y creo que podríamos salir esta noche, y así te da un poco el aire y a lo mejor puedes conocer a alguien… —al no ver reacción alguna en Alex, continúa un poco inseguro —podría decirle a… —carraspea —bueno, ya sabes a quien, si quiere venir y que traiga a su amiga…

—Esta bien —le corta Alex antes de que empiece a divagar. —Lo único que no me termina de convencer es lo de conocer a alguien, pero si que me apetece una copa. O dos o tres.

Félix suspira, aceptando eso. Otras veces ni siquiera había querido salir de la cama, por lo que era un avance. También las otras veces habían sido un rechazo directo. Félix solo espera que esta vez sea mejor que las anteriores. Sacude la cabeza, intentando quitarse los malos pensamientos y coge el móvil para mandar el mensaje oportuno.

Mi amiga esta un poco mal por cosas con su crush y había pensado sacarla de fiesta esta noche

Te apuntas??

Esta bien

Mi amiga también esta un poco rayada por *cosas* y creo que necesita un poco de fiesta

Puedo llevarla, no?

Claro

Sin problema

Cuantos más mejor no??

Con cuatro es suficiente XD

A dónde vamos a ir?

A algún bar de chueca

Todavía no se donde

Cuando sepa te digo

Tu ponte guapo :P

Se arrepiente del último mensaje en cuanto lo manda. Le sube el calor a la cara al ver que lo ha leído y ya no puede borrarlo. No contesta, lo que por una parte le alivia y por otra le pone tremendamente nervioso. Vuelve a leer la conversación, recreándose en los mensajes del otro chico. Suspira y deja el móvil en la mesa.

—¿A dónde quieres que vayamos? —pregunta Félix a la vez que Alex consigue comerse la primera galleta.

—Al bar de siempre, está cerca y es barato.

Félix asiente y coge el móvil para teclear el nombre del sitio. Cree recordar haber llevado allí a su amigo en algún momento. Recibe la confirmación y vuelve a dejar el móvil en la mesa.


—Así no vas a ir —se niega en rotundo Félix cuando ve elegir la ropa a Alex.

La chica vuelve a meter la ropa en el armario y se tira en la cama.

—Elige tú entonces.

A Félix se le ilumina la cara en cuanto escucha a su amiga y enseguida se lanza hacia el armario abierto.

—También puedo elegir ropa para mí ¿verdad? —pregunta emocionado aún sabiendo la respuesta.

—Claro.

Para Alex elige unos pantalones ajustados de polipiel que ya ha visto que causan estragos en demasiada gente. También escoge una blusa de un rojo oscuro lo suficientemente opaca como para que no vaya enseñando hasta el alma. A todo eso le suma un sujetador con unas tiras que se entrecruzan en el pecho y una gargantilla de encaje al más puro estilo victoriano.

—Parece que quieres que vaya a ligar —comenta Alex al ver el conjunto.

—Sé que te gusta verte más atractiva de lo que ya eres y yo solo quiero subirte el ánimo —contesta Félix inocentemente.

Para él elige otra blusa, pero esta, en vez de llevar bastante escote, va cerrada al cuello y deja los hombros al aire. Rebusca un poco más en el armario hasta que da con lo que quiere, unos pantalones de tiro alto, ajustados pero cómodos que ya se ha puesto más de una vez.

Una vez vestidos, Félix se queda unos segundos callado, inquieto.

—Pide.

Alex cree saber lo que quiere.

—Me puedes rizar el pelo y maquillar un poco —pregunta avergonzado.

Alex suspira.

—¿Cuántas veces te he dicho —hace una pausa— que no tienes que avergonzarte de pedir esas cosas?

Félix le regala una sonrisa pequeñita que hace que sus ojos brillen.

—Ven aquí, siéntate.

Le delinea los ojos con marrón chocolate y negro, dándole una profundidad y magnetismo demasiado atrayente. Cuando coge el iluminador Félix se emociona, y con ello Alex decide que le va a poner más de lo que pensaba. Le echa en los labios una tinta de un rojo pálido y encima un gloss que sabe que va a durar poco. En cuanto termina con él, Alex aprovecha que la ha hecho vestirse con lo que el chico ha decidido para hacerse un maquillaje más potente que los días de diario. También se atusa un poco el pelo con la plancha para que parezca más esponjoso y ordenado en su desorden. Decide que los piercings que lleva no pegan ni con cola. Hace tiempo se compró un pendiente bastante peculiar, y es el momento de estrenarlo. En el centro de la barra del industrial está el símbolo femenino y desde uno de los extremos cuelga una cadena que se une con una bolita violeta, que se pone en el agujero que la hicieron de pequeña. En la otra oreja se pone una pequeña estrella en cada uno de los tres agujeros que tiene, pensando en no ser demasiado llamativa.

Salen con el tiempo contado para no llegar demasiado pronto pero tampoco justos. Les esperan cerca de la puerta del bar, a la luz de la farola en la que se han apoyado.

—Dice que ya están llegando —avisa Félix mirando el móvil. Alza la mirada. —¡Ah! Ahí están.

—Eee, ¿Félix? Te tienes que estar equivocando —Alex se tensa en su sitio y agarra el brazo de su amigo buscando estabilidad. —Son mi amiga y su novio —la voz de Alex parece a punto de romperse, tan tensa como la cuerda de un arco.

No puede ser que la pareja de Luna sea el chico que le gusta a Félix. Un segundo después de hablar se arrepiente de haberlo hecho. Lo último que siempre ha querido es hacer daño, de cualquier manera, a su mejor amigo.

Luna y el amigo de Félix caminan del brazo, hablando animadamente. Están demasiado cómodos con el contacto físico como para pensar que pueden ser otra cosa aparte de pareja.

Félix la mira como si le pasase algo en la cabeza. Tiene que alzar un poco los ojos, lo que les resulta extraño a ambos. Alex casi nunca se pone tacones, aunque se mueva con total naturalidad con ellos.

—Pero que dices muchacha, te ha afectado el tinte —la mira como si de verdad se hubiese vuelto loca—, si Joel es casi incluso más gay que yo.

Alex se gira tan rápido que casi se cae de sus tacones. Le sale un "qué" ahogado que ni siquiera busca respuesta. Se queda ahí, sin saber cómo reaccionar a toda la información que ha entrado de golpe en su cabeza. El chico que va colgado del brazo de Luna no es su novio. Y es gay. Y es el chico que le gusta a Félix. Siente que tiene que separarlo por puntos para procesarlo porque si no le va a dar algo.

—Precisamente tengo esperanzas con él por eso, si fuera hetero ya me habría rendido hace mucho —continua Félix ajeno al caos en la cabeza de su amiga.

—Hola —saluda Joel cuando entran en el charco de luz. —Ella es Luna, mi amiga de la infancia.

—Joel… —Luna tira de la manga del chico para llamar su atención. —Ella es Alex… la chica de la que te he hablado.

—Yo soy Félix —resuelve la tensión el chico —encantado de conocerte.

—Joel —se presenta ante Alex —Félix me ha hablado de ti.

El mencionado aprovecha que su amigo está mirando a la otra chica para darle un tremendo repaso. Lleva unos pantalones vaqueros oscuros que le quedan demasiado bien y la camiseta blanca con cuello en pico que se ve a través del abrigo se ajusta exactamente donde se tiene que ajustar. Félix tiene que tragar saliva porque de repente siente la boca con el desierto del Sahara. Luna por su parte se encuentra un poco igual al ver a Alex. La curva de sus caderas, la blusa sugerente, las cintas cruzadas sobre su pecho, los labios perfectamente pintados y el pelo que parece más suave que de costumbre hace que, como mínimo, quiera acercarse demasiado a ella. Joel, que parece el menos afectado, se aclara la garganta y propone entrar al bar. Félix tira de Alex un segundo para que se queden un poco rezagados y le habla al oído.

—Siempre han dicho que tenemos gustos similares —comenta con diversión. —Entiendo perfectamente por que te gusta al menos físicamente, se parece bastante a Joel.

Y luego se aleja riéndose y se cuelga del brazo libre de su amigo.

Se acercan a la barra y piden las bebidas. Es el momento en el que Alex se permite recrearse en la apariencia de Luna. No tiene demasiadas curvas, pero aun así le roba el aliento cada vez que pasa cerca de ella. Lleva una camiseta ajustada y unos vaqueros que ya ha visto muchas otras veces, y aun así no se fijaría en nadie más del bar. Del pelo solo se ha recogido los mechones que podrían caerle por la frente. Se fija en que también parece haberse cambiado los pendientes, que brillan cuando les da la luz de los focos, haciendo que parezca que lleva pequeños diamantes de colores. Como viene siendo costumbre en ella, solo lleva máscara de pestañas. Y Alex da gracias internamente a que no se haga nada más, ya sea en los labios o en los ojos, porque de verdad que le pondría muy difícil concentrarse en algo más.

En cuanto les sirven los chupitos, Luna coge el suyo y se lo bebe de golpe. Luego esboza una sonrisa que Alex no sabe ubicar y coge su mano. Entrelaza los dedos y tira de ella hacia la pista de baile. Alex se queda petrificada. Consigue que su cerebro vuelva a funcionar lo justo para coger su vasito y bebérselo de un trago. Lo deja sobre la barra y deja que Luna la guíe hacia la pista.

Joel primero se moja los labios con la bebida. Hace bastante que no toma alcohol y la verdad es que pasa totalmente de hacer el ridículo atragantándose delante de Félix. Este no duda ni un segundo en beber, quedándose la mitad del gloss en el vaso. Se relame los labios y ahora el brillo que queda es únicamente el de la saliva mezclada con el alcohol. Joel aparta la vista en cuanto su cabeza decide que es buena idea ponerse a pensar cosas que deberían estar censuradas. Imita a su amigo y deja el vaso vacío en la barra.

—Vamos a bailar —Félix se agarra a los costados de la camiseta de Joel para ponerse de puntillas y hablarle al oído. Las converse que lleva puestas no hacen nada para cambiar la diferencia de altura que hay entre ellos. A él le encanta pero hay veces que es más un inconveniente que otra cosa.

Joel siente el aliento en el cuello. Se le pone la piel de gallina y asiente sin pensar, como si al estar Félix tan cerca le hubiese lanzado un hechizo.

Cuando van hacia la pista, buscan a Alex y Luna y se ponen cerca de ellas pero sin molestar.

Están bailando muy juntas pero solo es de vez en cuando que sus brazos, sus manos o sus piernas se rozan. Parecen disfrutarlo, parecen buscarlo pero no lo fuerzan. Los ojos de Alex están fijos en los de Luna y los de esta viajan de los ojos a los labios de su amiga. Se recrean en las curvas, en la forma del arco de cupido que Alex ha resaltado con el pintalabios. La vuelve loca cómo se mueven cuando sonríe o cuando canta en un suspiro los estribillos de las canciones que se sabe.

Alex todavía no termina de procesar que Luna no tenga pareja. Y el hecho de que esté bailando tan sumamente cerca de ella no la deja pensar mucho. Decide que le pueden dar por saco a su cabeza cuando su amiga se acerca lo suficiente a su cara como para besarla si se moviese dos milímetros. Los labios de Luna se curvan en una sonrisa cuando Alex suspira. Se lame un poco los labios, intentando volver a sus sentidos. No lo consigue demasiado. El calor del cuerpo de Luna traspasa su blusa y la hace querer tocarla.

Cuando consigue despegar los ojos de Luna, ve que sus amigos están bailando cerca de ellas. Se encuentran tan pegados que no cree que corra el aire entre ellos. Eso parece confirmarle lo que Félix ha dicho antes de que el otro chico no está con Luna.

La mano de Joel está en la espalda baja de Félix y las manos de este paseándose por los hombros y el cuello del otro chico. Los dedos de Joel juegan con la tela del pantalón, nervioso. Le cosquillea la piel allí donde Félix le toca y parece recrearse especialmente donde está su piel desnuda. Joel trata de seguir los movimientos de Félix y no parecer demasiado torpe. Los nervios le van a acabar jugando una mala pasada. Félix suele ser muy pegajoso pero esto ya es demasiado para su pobre corazón.

Alex siente la mano de Luna en la cadera y vuelve la vista hacia ella. Inspira hondo y alza la mano hasta ponerla sobre su hombro. La otra la pone en su cuello y siente el pulso de Luna en la punta de los dedos. Agradece demasiado que la música esté tan alta que su compañera no pueda escuchar el estruendo que hace su corazón en sus oídos. Las luces de colores se enredan en los rizos de Luna y se reflejan de una forma magnífica en su piel. Alex se siente como un conejillo deslumbrado por los faros de un coche. “Necesito otra copa”, piensa. Pero no hace ni el más mínimo movimiento para separarse de Luna.

—¿Me acompañas a por otra bebida? —pregunta Félix volviendo a ponerse de puntillas y tirando de la camiseta de Joel.

Joel asiente y le abre camino a Félix hasta la barra. Félix se sube a una de las banquetas altas para quedar a la misma altura.

—¿Compartimos? Creo que no me apetece una entera —le pregunta Joel al oído.

A Félix se le ponen los pelos de la nuca de punta al sentir el golpe de aire caliente en su oreja. Traga saliva y asiente.

—Claro.

Joel pide y esperan a que les sirvan. Bebe él primero y Félix se deleita viéndole. Se alejan de la barra y se apoyan en una de las paredes desde donde pueden ver a sus amigas bailar. Félix coge la copa de las manos de Joel y le da un trago. Luego se la devuelve. Sus dedos se tocan y a punto está el vaso de caerse.

—Van acabar juntas —las señala Félix con la barbilla.

Joel sonríe de medio lado y asiente, totalmente conforme.

—Se nota que se atraen y se cuidan mucho. Me gusta la pareja que hacen.

Justo después de que Joel le de un trago, Félix le coge el vaso y le imita.

—¿Volvemos a bailar? —pregunta Félix ladeando la cabeza y con una sonrisita sugerente.

Se separa de la pared y se retira el pelo de la frente. Tiene las mejillas sonrojadas por el calor y los ojos ligeramente brillantes. Su sonrisa se amplía un poco cuando Joel se le queda mirando. Este se termina de un trago lo que quedaba en el vaso y lo deja sobre una mesa que está cerca. Alcanza con la otra mano la cintura de Félix y lo atrae hacia él. Félix pone cara de sorpresa cuando se choca contra el pecho de Joel. Aspira y sus pulmones se llenan de su olor. Se agarra a su camiseta cuando siente sus piernas flaquear. Joel le pega contra la pared y le encierra entre sus brazos. Félix tiene que tragar para que no se le haga la boca agua.

—No me tientes tanto, por favor.

Félix le da una mirada inocente con una sonrisa de medio lado.

—No estoy haciendo nada.

Más que escucharle, Joel le lee los labios. Y le parece lo más sensual y atractivo.

—Necesito besarte —Joel no es capaz de quitar los ojos de los labios de Félix.

—No se qué te lo impide —las palabras le llegan como un susurro pero vibran por todo su cuerpo como si Félix las hubiera gritado.

Joel quita las manos de la pared y coge el rostro de Félix con una brusquedad que les sorprende a ambos. En contraste, el primer beso que deja en los labios de su amigo es suave y dulce, un poco temeroso de que le vaya a rechazar. Félix se siente derretir entre sus brazos. Pero tampoco se deja hacer y en seguida rodea su cintura para atraer a Joel hacia sí. Una de las manos de Joel se mueve hasta la nuca de Félix y al chico casi se le ponen los ojos en blanco. Cuando Joel vuelve a besarle, Félix le devuelve el beso con ganas. Ninguno de los dos pretende siquiera mantener el beso tranquilo. Las manos de Félix enseguida vuelan hacia el cuello y hombros de Joel, disfrutando de algo tan simple como acariciarle. Joel en cambio, lleva una de las manos a la cintura de Félix impidiendo que se aleje lo más mínimo.

12 sept 2022

¿Pizza y peli? 3

Luna sale corriendo de los vestuarios en cuanto termina de cambiarse. Se despide de Alex con un “adiós” vago gritado desde el dintel de la puerta. Alex sale casi detrás de ella, después de calzarse las zapatillas.

Justo llega a la salida para ver a Luna tirarse a los brazos de un chico moreno. Él la abraza con fuerza y deja un beso en su frente. Luego, rodea sus hombros con el brazo y Luna pasa el suyo por la cintura del chico.

Alex se queda helada en la puerta sin poder reaccionar, ni siquiera consciente de que entorpece el paso de los clientes. Se siente idiota por creer que el tonteo con el que llevaba meses era recíproco. Consigue tragar saliva a pesar del nudo que tiene en la garganta. El peso en su pecho se intensifica cuando escucha la voz de Félix a través del teléfono. No ha tenido ni que pensar en llamarle. Costumbre.

—¿Puedes quedar? —murmura con un hilo de voz.

Félix intuye que algo va bastante mal y enseguida contesta:

—Claro. ¿Dónde estás? ¿Voy a tu casa?

—Acabo de salir del trabajo. Voy directa a casa.

A Félix le choca el tono con el que habla. Lo ha escuchado demasiadas pocas veces, en momentos demasiado malos. Cuando sus padres la dijeron que no querían saber nada más de ella, por ejemplo, yéndose al pueblo y dejándola esa casa demasiado grande para que no dijera nada.

Se deja caer en el sofá en cuanto entra. No tiene fuerzas ni para pensar en hacer algo de comer. Consigue levantarse cuando llaman al timbre y solo porque sabe que es Félix. Nada más abrir la puerta le abraza fuerte, como el pilar que lleva siendo desde que se conocen. La agarra de la cintura y la arrastra dentro de casa, cerrando la puerta detrás de él. La deja sentada en la mesa de la cocina y luego va directo a guardar el chocolate que ha comprado en la nevera. Las bolsas de patatas las deja encima de la encimera.

—No has comido, ¿verdad?

Alex niega casi imperceptiblemente, pero es suficiente para que Félix lo vea.

—Voy a hacer comida para mí también.

No pide permiso, no lo necesita. Se mueve por la cocina como si fuese su casa de toda la vida y sabe perfectamente dónde está todo lo que quiere utilizar. Cuando termina, sirve dos platos y pone uno delante de Alex y otro en el sitio en frente de ella. Coloca los cubiertos y se sienta en el sitio libre.

—Alex, come —ordena con voz suave. —Come y luego me cuentas lo que ha pasado.

—En realidad lo único que ha pasado es que soy gilipollas y que no aprendo —murmura con voz cansada y removiendo los macarrones con nata.

—No eres gilipollas —contesta Félix endureciendo la voz.

—Por dios Félix, que me he enamorado otra vez de una chica con novio —su voz se rompe en un punto de la frase y sus ojos se cristalizan.

Parece a punto de echarse a llorar pero en vez de eso pincha los macarrones con furia y se los lleva a la boca. Hace tiempo que se juró no volver a llorar por un amor imposible y está determinada a cumplir la promesa. Vacía el plato casi sin saborear la comida y se levanta de la mesa enfadada consigo misma. Recoge su plato y el de Félix, que también ha terminado, y los lleva a la pila. El chico se levanta detrás de ella y la abraza de nuevo en cuanto se vuelve. Alex se aferra a su camiseta, su ancla que no deja que se hunda en sitios que no quiere regresar. Se quedan allí abrazados, de pie en la cocina, hasta que Alex siente que la tensión abandona sus músculos y el cansancio, tanto emocional como físico, arrasa con ella. Se deja guiar hasta el sofá y se desploma sobre este en cuanto ya no tiene el soporte de Félix.

—He comprado chocolate, ¿quieres?

Alex niega con la cabeza.

—Prefiero la cosa esa fría para la cabeza. La siento como si hubiera estado llorando dos días sin parar.

—Eso es por aguantarlo. Llorar es bueno, llevo diciéndotelo casi desde que te conozco. Te consume demasiado reprimirlo.

—Cállate. La chica de la que llevo enamorada más de un año y medio tiene novio y me entero ahora —gruñe en bajito. —Debería haberlo sabido cuando escuché la voz de un chico llamándola princesa.

Si Félix se hubiera dado la vuelta dos segundos antes no la habría escuchado, pero lo ha hecho y se le escapa una risita.

—Es la primera vez que lo admites —canturrea mientras va a por el gel frío que ha pedido antes Alex.

Cuando vuelve, lo deja caer sobre la cara de Alex, haciendo que suelte un quejido. Se sienta en el sofá lo más cerca que puede de su amiga y esta le pasa las piernas por encima de los muslos. Félix se entretiene acariciando las piernas de Alex y dibujando filigranas invisibles que solo dejan un cosquilleo sobre la piel de la chica. Hace tiempo que descubrieron que a ambos les relaja eso.

—Creo que antes de asumir cualquier cosa deberías preguntarle a tu amiga si tiene novio o quién era el chico ese. Es posible que todo sean paranoias tuyas y demasiada imaginación, que de eso no te falta.

Félix espera unos segundos, como queriendo que cale el mensaje y cuando Alex hace un ruidito de confirmación, que para él significa que lo más probable es que haga lo que dice, continúa hablando con voz suave y tranquila hasta que nota la respiración pausada de Alex.

Luna y Joel van dando un paseo hasta la pizzería más cercana a sus casas, esa típica de barrio que ya les conoce hasta el dueño. Una vez han pedido, Joel mira a Luna insistentemente.

—Hoy no soy yo el que tiene cosas que contar, me parece a mí —comenta.

Luna frunce los labios, no sabiendo cómo empezar a soltar lo que tiene en la cabeza.

—¿Cuándo nos vais a presentar a las parejas? —interrumpe su línea de pensamiento el dueño, que les ha llevado sus pizzas a la mesa.

—Todavía no tenemos —ríe Joel agitando la mano.

—Uy, uy, ese todavía tiene significados ocultos.

—Bueno, Joel está muy enamorado de alguien de su círculo de amistades —el brillo de los ojos y la sonrisita que le dedica a Joel se complementarían perfectamente con unos cuernitos y una cola de diablillo, encantada de que la atención no esté en ella por un rato más.

—Pero qué calladito te lo tenías —la sonrisa del hombre es divertida—, y dime, ¿quién es el afortunado? ¿Es un amigo de clases? —Joel niega con la cabeza —¿De la universidad entonces? —El pobre muchacho se pone tan rojo que el dueño no necesita preguntar mucho más para saber quién es. —¿El chico con el que has venido a “estudiar” aquí?

Luna se vuelve hacia Joel tan rápido que casi se hace daño en el cuello.

—¿Le has traído aquí?

Joel apoya el codo en la mesa y luego la cabeza en la mano, ocultando su boca. Pero sus ojos sonríen y el sonrojo solo ha bajado un par de tonos.

—Pero no estamos saliendo, ni siquiera sé si le gusto —aclara antes de que el dueño empiece a imaginarse cosas.

—Seguro que sí —el dueño hace un gesto con la mano, como quitándole importancia al asunto. —¿Y tú? —pregunta volviéndose hacia Luna.

Ahora es su turno de ponerse colorada.

—Yo… No sé —murmura con un puchero.
El dueño les revuelve el pelo con una sonrisa afable y se marcha con un “que aproveche”.

—No sabes… —repite despacio Joel separando un trozo de su pizza.

Luna se remueve en su asiento un poco incómoda. No sabe. No sabe nada. O al menos, así lo siente. Siempre se pregunta, ¿en qué se diferencia el amor de la amistad?

—Nunca me ha atraído nadie, lo sabes. El crush que tenía contigo de pequeña era más platónico que nada —Joel asiente, consciente de todo ello. —¿Entonces porque me atrae tanto ella? Es como si hubiese un hilo invisible que me une a ella y no puedo dejar de prestarla atención y de seguirla con la mirada. Te juro que no lo entiendo.

Luna le pega un mordisco agresivo al trozo de pizza que ha cogido.

—A lo mejor eres demi en vez de ace.
La chica hace una mueca, no del todo conforme con lo que ha dicho Joel.

—Ya me lo plantee en su momento —vuelve a hacer una mueca —, pero no sé. Quiero decir, nunca me ha atraído nadie. Como mucho para un par de besos. Pero ella… —se aclara la garganta —bueno, verás —suelta una risita hueca —, si solo fueran un par de besos…

—Uy uy uy —la voz de Joel se agudiza imitando a las marujas del barrio, entre divertido e interesado. —Cuéntame, quiero saber. Yo te he contado muchas cosas de esas.

—No te voy a decir, tú, fantasma.

—Oye —se escandaliza Joel —¿cómo que fantasma? Yo especifico cuando son fantasías y cuando es real.

Luna alza una ceja.

—Lo que no quita que la gran mayoría sean fantasía —termina Joel a regañadientes. —El caso, que esto no va de mí. ¿Qué ha pasado ahora para que te estés planteando esto?

—Ugh, nada nuevo realmente. Llevo planteándomelo casi desde que la conocí. Lo tenía todo súper claro hasta entonces.

—A lo mejor no te habías enamorado de verdad hasta que la conociste y el resto eran crushes chiquititos. Como el que tuviste conmigo, platónicos.

Luna mira fijamente a Joel, planteandose de verdad esa posibilidad.

Resopla una risa.

—Es un poco triste ¿no? No haberse enamorado hasta los 22.

Joel se encoge de hombros y se lleva a la boca un trozo casi entero de pizza. Mastica y traga, pero aun así sigue teniendo la boca medio llena cuando habla.

—Cada persona tiene sus propios tiempos y si tampoco has conocido a la persona con la que tienes más química… —se encoge de hombros.
Luna resopla, alzando los ojos al cielo.

—Es tan cliché lo que dices…

El chico se vuelve a encoger de hombros, divertido por el comentario de su amiga.

—Eres lo más antirromántico que ha pisado la tierra.

—Te contrarresto, que tú vas soltando corazoncitos y arcoiris a cada paso que das.

Joel la saca la lengua, tratando de no reírse.

—Eres un cursi —le acusa Luna —, cuando te consigas novio va a acabar vomitando arcoiris.

—Hombre… hetero no iba a ser… —se ríe Joel.

Luna acompaña su risa pero rápido se queda callada. Continúa comiendo con la mirada baja.

—Tienes miedo —se sorprende Joel. —Aceptaste con mucha naturalidad la falta de atracción, pero ahora tienes miedo.

—Estoy acojonada —contesta Luna entre dientes. —Sabes que siempre le he tenido pánico a los cambios y, sinceramente, este es uno muy grande.

—Pero tampoco te estás resistiendo.

Luna se sonroja.

—Me gusta demasiado estar con ella como para alejarme —guarda silencio unos segundos, como pensando. —Creo que solo necesito un tiempo para aceptar la idea que dices tú —murmura.

—¿De ser demi?

Luna da una cabezada como asentimiento y continúa comiendo. Joel sonríe de medio lado, con cariño.

Y cambia completamente de tema. Sabe que tiene que dejarla su espacio para asimilar las cosas.

5 sept 2022

¿Pizza y peli? 2

 —Lo menos que puedes hacer después de hacerme quedar contigo después del trabajo es invitarme a un brownie —comenta Luna, sonando forzadamente casual a propósito.

—Tienes un morro que te lo pisas —se ríe Joel revolviendo los rizos de Luna. —¿Vamos entonces a esa cafetería que tanto te gusta?

—Porfi —Luna le mira poniéndole ojitos y Joel vuelve a reír, la abraza por los hombros y deja un beso en su coronilla.

—Cuenta —suelta Luna en cuanto están sentados esperando lo que han pedido. Apoya la barbilla sobre sus dedos entrelazados, prestándole su completa atención a Joel.

Este se sonroja al tener los ojos inquisidores de Luna dispuestos a captar hasta el más mínimo gesto sobre su rostro. Joel se tapa la boca con una mano, intentando que su sonrisa no sea demasiado obvia. No lo consigue porque llega a sus ojos, que se entrecierran de una forma que a Luna le encanta. La muchacha alza una ceja, instándolo a hablar sin palabras. El sábado la había llamado solo para que no ignorase sus mensajes, y el domingo no habían podido quedar ninguno de los dos. Y aun así, Joel se hacía de rogar para contarle algo que era demasiado obvio que no se iba a poder aguantar mucho más.

—¿Te acuerdas del chico con el que tengo un crush importante? —comienza.

—Cariño mío —le corta Luna con un tono demasiado sarcástico—, lo que tú tienes con ese chico hace tiempo que dejó de ser un crush.

Joel hace un gesto con la mano como quitándole importancia al asunto.

—Era un crush cuando le conociste en la cafetería de la uni en primero de carrera, no ahora después de tres años suspirando por él.

Se tapa todavía más la cara con la mano y baja la cabeza, pero alza los ojos para mirarla entre los mechones lacios de su flequillo. El brillo de sus ojos parece bailar entre la euforia que le produce lo que todavía no cuenta y la vergüenza de ver sus sentimientos tan desnudos.

Joel inspira profundo, llenando sus pulmones, y exhala lento, como tratando de calmar un corazón que va a mil por hora. Intenta controlar la sonrisa pero falla en cuanto piensa en soltar la noticia.


Alex está apoyada en la pared, mirando el móvil. Félix ya le ha dicho que llega tarde, un poco raro en él. Le salta un mensaje de su amigo diciendo que ya está cerca, y entonces da por terminado su paseo por Twitter. Estaban empezando a ser muy pesados con una gripe que había cerrado una ciudad de China. A los segundos de guardar el móvil en el bolsillo aparece Félix corriendo. Alex se incorpora y en seguida tiene los brazos del muchacho alrededor suya. Esconde la cara en la bufanda de su amiga y chilla bajito, ejerciendo todo su autocontrol en no hacerlo más alto. Entre gritito y gritito se le escapan pequeñas carcajadas de pura felicidad e incredulidad. Alex le devuelve el abrazo con fuerza, sonriendo ampliamente. Se cuelgan el uno del brazo de la otra y se encaminan hacia el súper donde, siempre que quedan, van a por unas pipas o unas patatas. Llegan a su parque de siempre y eligen el banco que parece reservado para ellos. Alex se gira completamente hacia él, sentándose con una pierna cruzada sobre el banco. Félix se coloca de frente a ella, tapándose la cara con las manos y soltando risitas nerviosas.

—Es que… Oh dioses, todavía no me lo creo… ¿De verdad que no estoy soñando? Quiero decir, perfectamente podría ser un sueño mío… —empieza a desvariar.

—¿Y si me lo cuentas no se hace más real? —pregunta Alex con voz sugerente.

—¿Pero y si justo me despierto cuando voy a contártelo? Dios, me pasaría el resto de mi vida llorando —ese es el momento en el que Alex intuye algo de lo que está pasando. O más bien quién está involucrado.

—Es Él, ¿verdad? —dice con vehemencia —Es algo gordo que tiene que ver con Él.

A Félix le brillan los ojos cuando le menciona. Alex no necesita ni confirmación verbal. Solo por la reacción de su amigo sabe que el chico que le gusta desde hace casi tres años está más que involucrado. La chica puede sentir su felicidad como propia y esta se mezcla con la alegría de que su mejor amigo esté tan jodidamente contento. Le coge de las manos y las sujeta para que no se vuelva a tapar la cara con ellas. Le mira directo a los ojos con una sonrisa ansiosa.

—Cuéntame, ¿qué ha pasado? Quiero escucharte.

Félix se pone totalmente colorado, como le lleva pasando desde la ESO. Siempre le ha parecido tan cuqui como un tomatito cherry. Al ignorar su sonrojo, este se baja un poco y ya no parece brillar como una luciérnaga. Aprendió muy  rápido que esa era la mejor forma de que a Félix se le pasaran los nervios y no se le sobrecargarse la neurona. El ya sabía el tono que adquiría su rostro y aunque se mencionara no se podía cambiar en menos de cinco segundos. Era absurdo sacarlo de los pensamientos.

Pocas veces Félix ha estado tan emocionado, cuando le contó de su primer amor, cuando le aceptaron en la uni, y Alex sabe perfectamente cuándo volverá a contarle las cosas con ese tono de voz. Cuando apruebe las oposiciones, cuando le contraten para trabajar de profesor. A Alex le encanta verle así. Aceptará a ese chico si hace que su mejor amigo se vea así todos los días.

Inspira hondo e intenta ponerse serio, pero la sonrisita boba no se borra de su cara.

—Vale… Ya has adivinado que todo esto gira a su alrededor —suelta una risita que Alex sabe interpretar. ¿Cuándo mis nervios no han girado a su alrededor? —El caso… Hace un par de días me hizo una propuesta —la voz de Félix, que se había mantenido dentro de los estándares más bien amplios de la calma, vuelve a emocionarse.

—Me acuerdo de ese día, sí —gruñe Alex apartando la mirada un segundo.

Félix alza una ceja, un mudo “luego me cuentas” que no admite un no por respuesta. Alex vuelve a mirarle a los ojos y da un pequeño asentimiento con la cabeza.

—Continúa —dice después.

—Al principio creía que era una alucinación o algo similar. Y, sinceramente, respondí antes siquiera de entender del todo lo que estaba pidiendo —Félix suelta una risita incrédula. Luego se pone todo lo serio que puede, aún incapaz de borrar la  sonrisa.

El chico se mantiene en silencio unos largos segundos, haciendo crecer la expectación de Alex.

—Me propuso vivir juntos, compartir piso.

Los ojos de Alex se abren como platos y sus labios forman una perfecta “O”, a la velocidad que va calando la noticia en su cabeza.

Salta sobre él y le abraza con todas sus fuerzas.

—Mi bebé —frota su cara contra la sien del otro, que se ríe y la sujeta de la cintura para que no se vayan los dos al suelo. —Mi bebé se me hace mayor.


—Dios, es que me acuerdo y fue súper cutre —se queja tapándose toda la cara con las manos.

A Luna le empieza a entrar la risa floja. Puede imaginarse la situación, hace demasiado que conoce a Joel.

—Deja de dar vueltas y cuéntamelo ya, me estás poniendo de los nervios.

Joel levanta la cabeza y le lanza una sonrisa burlona a Luna. Lo está haciendo completamente aposta.

—Estábamos cenando en el McDonalds porque había salido súper tarde de la uni y él me había esperado y le dije así de golpe que si quería vivir conmigo. Casi se atraganta —se le escapa una risita —, pero me contestó enseguida.

La sonrisita enamorada de Joel continúa por él.

—Te ha dicho que sí.

Joel se pone rojísimo y Luna empieza a reírse a carcajadas. Joel se pone muy nervioso y casi tira la taza.

—¿Y cómo vas a sobrevivir a vivir en la misma casa que él? —pregunta Luna con una sonrisa de medio lado que dice que lo ha hecho con toda la idea de meterse con él.

—Supongo, espero, que me acostumbre a su presencia lo suficiente como para que no me de algo cada vez que le vea pasearse por ahí.

Luna se relame los labios y sonríe de una forma que hace que Joel se ponga ligeramente en guardia. Sabe que en cuanto tenga la oportunidad, va a sacar el comentario más afilado que se le ocurra para picarle y que se ponga colorado.

—Imagínate, le verás recién salido de la ducha, o medio dormido en el sofá cuando sea muy tarde.

Ahí está. Aún cuando lo estaba esperando, no ha sido capaz de pararlo en cuanto su cabeza ha decidido pensar en ello. Frunce los labios, no queriendo fantasear demasiado.

—Recién despierto, con el pelo todo revuelto, levantándose la camiseta inconscientemente para rascarse el estómago —susurra Luna con cara de duendecillo.

—Para, por favor —Joel la mira con ojos suplicantes, rojo hasta las orejas.

Luna le mira con los ojos brillantes y una sonrisa pilla que le dan un aire de diablillo.

—Parece que lo único que piensas es en sexo —se queja Joel.

—Sabes que no —ríe Luna. —Es más en cómo meterme contigo y hacer que pongas esa cara. Y haciéndote imaginar según que cosas es demasiado fácil. Si quieres echarle la culpa a alguien, echasela a tu exuberante imaginación —termina con una sonrisa de medio lado.


Félix frunce los labios.

—Sobrevivir —resopla con una risa. —Matándome a pajas —vocaliza con sorna.

—Félix —reclama Alex fingiendo exageradamente estar escandalizada.

Él se echa a reír.

—¿Y tú cómo llevas lo de tener a tu amiga todos los fines de semana en tu casa? Las dos solas —le devuelve la pelota con una media sonrisa.

Alex tartamudea un par de segundos y se le colorean las mejillas.

—E-eso no… ¡No estábamos hablando de eso! Esto va sobre ti ahora mismo.

Félix vuelve a reírse a carcajadas rodeándose el estómago con ambos brazos. Alex le frunce el ceño y le saca la lengua.

—En fin —dice mirándole de reojo—, sabes que si tienes cualquier problema o se te hace demasiado difícil convivir con él por cualquier motivo tienes mi casa.

—Pero entonces no podrás llevar a tu amiga —vuelve a decir la palabra con retintín.

—Claro que puedo. No la invito para acostarme con ella ni nada de eso. Es mi amiga —enfatiza la palabra amiga.

—Puedes acostarte con tu amiga —Félix tiene toda la cara de estar pasándoselo pipa.

—¿Tú lo harías?

—Nop, no me acostaría con una amigA —dice haciendo hincapié en la “a”.

Alex alza los ojos, exasperada. Siempre hace lo mismo cuando no quiere contestar.

—Eres igual que yo, solo te acostarías con una pareja —reclama.

La sonrisa de Félix se extiende por sus labios lentamente. Le divierte ponerla nerviosa así porque es tremendamente difícil. Cada pequeña victoria la saborea con satisfacción.

—Corramos un tupido velo —zanja el tema Alex fulminándolo con la mirada.

Félix deja ese tema de lado y se pone todo lo serio que puede en un momento así.

—Sobreviviré. Solo se me caerá la baba como veinte mil veces al día. Más o menos una por cada vez que le vea.

—Entonces lo de pasar la fregona va a ser cosa de todos los días —se burla Alex.

—Es que, yo que sé, imagínate que se pone a preparar el desayuno, así, solo con la camiseta del pijama y la ropa interior, recién despierto —hace el gesto de limpiarse la boca.

—Sería muy tierno —comenta Alex con cara de total indiferencia.

—Y jodidamente sexy —insiste Félix. —Dioses, imagina que es la chica esa que te trae loca —continua al ver que todavía sigue fingiendo indiferencia. —Jodidamente sexy —vuelve a insistir.

Alex suelta una carcajada y se niega a imaginarse una escena que ya ha vivido a medias varias veces.

—No te pega para nada la cara que tienes de niño bueno con lo que dices —ríe Alex.

—¿Yo? —pone cara de inocente, luego la cambia, relamiéndose los labios —pero es lo mejor, las sorpresas que se llevan… A la mayoría eso les sube el calentón. Y el polvo pueff…

Alex le tapa la boca con ambas manos, por si acaso. Ya ha habido veces que ha soltado severas burradas en cafeterías o restaurantes.

—Te recuerdo, Félix, mi vida… que estamos en un parque, que hay niños pequeños —dice con lentitud, como si le estuviera hablando a un bebé.

Siente que Félix sonríe contra su palma y un escalofrío la recorre la espalda. Antes de que pueda apartar las manos, Félix ha sacado la lengua y la ha chupado toda la palma.

—¡Félix! —chilla asqueada pero riéndose.

Se lanza contra él y consigue limpiarse la mano en el abrigo de su amigo antes de que pueda cogerla de las muñecas e inmovilizarla. El chico se ríe y le lanza un besito con todo su sarcasmo.