31 oct 2022

¿Pizza y peli? 10

 —Que dejavu —comenta Félix cuando Alex da la enésima vuelta al salón.

—La cagué, sé que la cagué. No tendría que haber aceptado lo que dijo así sin más. Pero no me quiso funcionar la cabeza. Llevaba tres días sin hablar con ella, mi inmunidad se agota. Y tiene toda la pinta de que voy por el mismo camino ahora —lloriquea.

—Ves a recogerla —propone Félix con aire aburrido.

—¿Y esa apatía? ¿Qué pasa, que tu novio no te contesta?

—Tiene comida familiar y sus primos le adoran. Prácticamente no le dejan coger el móvil.

—Pobrecito —se burla Alex.

—Bueno, aquí tengo sofá, manta, patatas y Netflix gratis —se encoge de hombros. Cuando Alex empieza a morderse la uña del dedo gordo, suspira y se levanta del sofá. —Ven a tu habitación. Vístete y la esperas a la salida de su turno.

Félix abre el armario como si fuera el suyo y elige la ropa por su amiga. Lanza sobre la cama una camiseta básica oscura, una camisa de cuadros roja, unos vaqueros negros y la cazadora de cuero estilo aviador que Alex adora.

—¿Y qué le digo? —pregunta cuando empieza a vestirse.

Al notar el temblor del miedo en su voz, Félix se gira.

—No me puedo creer que tengas miedo de hablar con una chica que no te ha juzgado nunca. ¡Que es Luna, por favor! Si pides hablar con ella te va a escuchar. Dila de venir aquí, si así te sientes más cómoda. Creo que todavía hace un poco de frío para quedaros a hablar en un parque por la noche. No me puedo creer que tenga que estar diciéndote esto —dice apretándose el puente de la nariz. —¿No eras tú la que me decía todo el rato que hablase con Joel?

—Sí bueno, al final os arreglasteis solitos y a vuestra manera —se defiende Alex un poco sonrojada.

Ya se sabe el dicho ese. “Consejos vendo y para mí no tengo”. Hay veces que le da la sensación de que esa es su máxima de vida.

—Y ahora te toca arreglarte con ella a vuestra manera.

—¿Y si no me quiere?

—¿De verdad tengo que recordarte cómo bailasteis el día que fuimos al bar? Que casi os coméis la boca, por todos los dioses. Que había dos dedos de distancia entre vuestros labios. ¿Y la semana pasada? ¿También tengo que recordártela?

—Eso fue porque la retaste. Y lo otro seguro que es porque la caigo bien.

—Tenía la opción de beber —rebate Félix indolente. —No me seas tan bollera por favor.

—Mimimimi.

—Venga, las converse —dice empujándola hacia la salida. —Y la bufanda y el gorro.

La enrolla de cualquier manera la bufanda y cuando va a ponerle el gorro, su amiga se revuelve al grito de “¡mi pelo!” y se lo quita para ponérselo ella antes de arreglarse la bufanda.

—¿Llaves? ¿Cartera? ¿Móvil?

Cada cosa que pregunta Félix, Alex lo enseña y se lo mete en los bolsillos.

—Esta bien. Me iré en cuanto recoja mis cosas así que no estaré para cuando lleguéis. Tú puedes —la anima con unas palmaditas en la cabeza.

Alex inspira hondo y sale por la puerta mientras se despide de su amigo.


Se echa el aliento sobre las manos por décima vez, más por nervios que por tenerlas frías. El turno de Luna técnicamente ya ha acabado y lo único que ha hecho ha sido aumentar los nervios de Alex. Siente que se le ha olvidado todo lo que podía querer decir y que no va a conseguir que salga ni una palabra cuando la tenga delante. A cada chica con el pelo mínimamente rizado que sale por la puerta le parece que el corazón se le sube hasta la garganta y su estómago decide practicar caída libre.

Al fin sale ella, con el pelo en un moño desordenado, la bufanda tapando el rapado de su nuca y unas orejeras que son todavía más llamativas en contraste con el color de su piel y pelo. Alex tiene que tragar el nudo que se ha formado en su garganta antes de poder llamarla. Luna la regala una pequeña sonrisa en cuanto la ve, de esas que le salen sin pensar. “Ahora si que tienes razones para hacer puenting, estómago” piensa Alex.

—Luna… quería hablar contigo… ¿podemos ir a mi casa? Para estar más tranquilas y eso.

—Claro.

Nunca se les había hecho ese camino tan largo a ninguna de las dos. Y solo es hasta el tercer intento que Alex consigue atinar con la llave en la cerradura, tanto del portal como de su casa. En ese momento agradece internamente que Luna no sea como Félix, que no habría perdido el momento de meterse con ella.

—Yo… quería pedirte perdón —comienza una vez que se han sentado en el sillón. Antes de que Luna pueda decir nada, Alex continúa. —El otro día acepté lo que dijiste de que Félix dijo tu nombre porque eras la única chica porque me convenía y me daba miedo decirte la verdadera razón. Pero prefiero decírtela antes de que sigas creyendo que no eres suficiente.

Alex hace una pausa e inspira hondo. Luna retuerce el bajo de su camiseta, con el corazón en la garganta y las manos heladas del miedo.

—Me… me gustas. Desde hace bastante tiempo ya. Creo que has pensado más de una vez que como es que me gusta quedar contigo. Es realmente agradable el saber que puedo ser yo misma sin que me vayan a juzgar, y, por ejemplo, los comentarios que haces cuando vemos pelis o series son realmente divertidos. El simple hecho de estar a tu lado es… arg, no sé, simplemente me encanta. No lo cambiaría por nada del mundo. Eres tan brillante, y a la vez como un remanso de paz, pero no bajes la guardia del todo que siempre puede haber un comentario sarcástico. Que parecen tener toda la intención de alejar, pero no hacen otra cosa que atraerme todavía más a ti. A querer conocerte todavía más. A continuar hablando contigo para siempre, de cualquier cosa. Me gustas. Te quiero. Mucho.

Luna se queda completamente en blanco, boquiabierta. Para nada se esperaba esto cuando aceptó acompañar a Alex a su casa. Se esperaba algo más como “olvídate del beso, que no va a pasar nunca más”. Ni siquiera se le había pasado por la cabeza que Alex podía tener sentimientos más allá de la amistad por ella.

No consigue que su cerebro hile dos palabras con sentido, asique hace lo único que se le ocurre en ese momento. Lo único que lleva dando vueltas en su cabeza una semana.

Se acerca gateando por el sofá. Nota a Alex tensarse al tenerla cerca. La observa morderse el labio con nerviosismo. No parece esperar lo que Luna tiene en mente porque cuando la chica la coge de la nuca pega un brinquito y cuando la gira la cabeza abre los ojos como platos al encontrarla tan cerca. Primero es un beso corto, que más que beso debería llamarse roce de labios, como si tanteara el terreno. Alex piensa que parece haberle gustado lo que encuentra porque el siguiente beso es más largo y, aunque sigue siendo suave ya no es un simple roce. Luna entreabre los labios y los mueve sobre los de Alex. Y siente tocar el cielo con la punta de los dedos. En un segundo de lucidez, le entra pánico y se separa de Luna lo suficiente para tomar aire y preguntar. Aunque lo de tomar aire decide que no ha sido buena idea justo después de hacerlo, cuando le llega el agradable olor de Luna.

—¿Eso es un sí? Por favor dime que es un sí.

—¿Tengo que recordarte que no tendría ningún interés en besar a alguien que no llama mi atención? —Luna esboza una sonrisa perezosa y habla tan cerca de los labios de Alex que cada vez que pronuncia una palabra estos se rozan. Y hace que lo único que quiera Alex sea que deje de hablar y vuelva a besarla como antes. —Y por lo visto nunca nadie había llamado tanto mi atención como tú. Joel debe de estar hasta las narices de mí por hablar tanto de tí.

Alex consigue volver a tener el control de su cuerpo y pone sus manos en las mejillas de Luna y la besa con todas las ganas que se lleva aguantado. La abraza tan fuerte que siente la risa de Luna reverberar en su pecho y también el latido de su corazón, más acelerado de lo que esperaba.


—¡Ah! Lo has vuelto a hacer —exclama Luna después de que Alex deje un beso en la palma de sus manos.

—¿El qué?

—Lo de coger mis manos así y luego dejar un beso. ¿Tiene algún significado o algo?

—Oh —murmura la chica poniéndose colorada. —Creo que lo leí en algún sitio, que era una declaración de amor de alguna tribu o algo así. Como que estabas poniendo tu corazón o tu alma en las manos de la otra persona.

Cuando Alex levanta la vista hasta la cara de su novia ve algo que nunca creería ver. Luna está totalmente roja. Se nota incluso a pesar del tono moreno de su piel, y eso la deja maravillada. Tanto que se olvida del calor de su propia cara, que se nota muchísimo más por su palidez habitual. Siente que se podría quedar viendo eternamente ese tono rojizo que han adquirido las mejillas de Luna.

—Hey, vamos al salón ¿no? Que nos hemos quedado aquí paradas… ¿Querías hacer algo en la cocina?

—Ah ¿eh? No… Solo iba a coger algo de beber.

Luna coge la mano de Alex y tira de ella suavemente hasta el salón, donde se tumba en el sofá. Se estira, cansada por todo el día y luego le hace un gesto a Alex para que se tumbe con ella. La chica se acerca a pasitos cortos y sin mirarla.

—No me puedo creer que te de vergüenza tumbarte en el sofá conmigo —se ríe Luna.

Alex la saca la lengua y luego se tumba a su lado con unas formas un poco bruscas. Luna suelta una carcajada y se abraza a ella.

—Eres muy mona, ¿sabías?

Alex se esconde en el hueco del cuello de su novia y suspira, totalmente a gusto.

—Por cierto —comenta al rato, cuando Luna creía que ya se había quedado dormida por las caricias en el pelo. —Me estaba acordando de cuando jugamos a yo nunca, y me he dado cuenta de que el tema del sexo te pone un poco tensa e incómoda. No tenemos que hacerlo si no quieres, no es tan importante. Prefiero mimos y besos y pasar el tiempo contigo y eso…

Alex empieza a hacer círculos con el dedo en la espalda de Luna, como últimamente cada vez que se pone nerviosa.

En realidad, no descartaría del todo tener sexo contigo. Joel dijo que podía estar la posibilidad de que fuese demi en vez de ace y le he estado dando muchas vueltas. Y es posible que sea eso. Quiero decir, creo que nunca he estado enamorada como ahora, así que…

Es cierto que a Luna no le termina de gustar el hablar de sexo. Lo ve como algo fuera de toda lógica. Pero luego piensa en Alex y parece que esa lógica se va volando por la ventana. Como ahora cuando se estira para atrapar sus labios y darle ese beso tan suave y que a la vez esconde mil promesas.

Se separa de ella con un salto cuando llaman al timbre. Alex se levanta jurando por lo bajo y Luna la sigue, curiosa de quien puede ser.

Ven a sus amigos en la puerta.

—¿Es que no habéis visto el Twitter? —pregunta Félix. —Han anunciado el estado de alarma y confinamiento. Espero que no te moleste Alex —termina pasando como si entrase a su propia casa.

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